La Fonoteca Nacional, una memoria abierta / En opinión de Roberto Ponce


Redacción MXPolítico.- Fundada el 10 de diciembre de 2008, la Fonoteca Nacional (FN), a través de sus 215 colecciones y 600 mil registros en bóvedas que el público puede consultar, es mucho más que una mansión de sorpresas musicales.

Rodeada de jardines sonoros y arboledas, en un espacio privilegiado de 6 351 metros cuadrados del barrio coyoacanense Santa Catarina, esta antigua Casa Alvarado donde murió el poeta Octavio Paz hace poco más de una década, salvaguarda los recuerdos auditivos de nuestro país a lo largo de más de cien años de grabaciones.

Con ello representa un archivo único en Iberoamérica, a decir de su director Pável Granados, musicólogo de oído prodigioso nacido el 9 de septiembre de 1975 en la Ciudad de México:

“Es una memoria que yo insisto no sea de música únicamente, porque la gente considera que venir a la Fonoteca Nacional es para hablar de música u oírla gratuitamente y nada más. Pero resulta que en cualquier rubro del conocimiento que te especialices, aquí hallarás a tu disposición la cultura de México de viva voz con nuestros pensadores, intelectuales e incluso de los artistas, pues existen horas y horas con entrevistas a Agustín Lara, digamos.

“La Cámara de Diputados tuvo acercamiento con nosotros, porque ellos están haciendo la Ley de la Memoria Oral; pero la cercanía ha sido más con instituciones, sobre todo las que tengan acervo. Hay convenios con Culturas Populares, el acervo del Fonca que contiene lo que entregan en soporte sonoro de poetas o músicos que solicitan beca, el Festival Internacional Cervantino, Bellas Artes... Tenemos 400 caséts de Elena Poniatowska, los estamos catalogando y hay que digitalizarlos. Cordialmente invito al público a ver nuestro sitio internet http://www.fonotecanacional.gob.mx o visitarnos.”

En su pulcra oficina de la FN (o “la fonoteca” como él la nombra), Pável Granados se halla en su elemento.

El autor de Apague la luz… y escuche (1999); XEW, 70 años en el aire (2000) y la biografía de El flaco de oro (con Guadalupe Loaeza): Mi novia la tristeza, es descrito así por el vate Luis Pérez Sabido, compilador del Diccionario de la canción popular de Yucatán:

“Reconocido investigador, ensayista, promotor y un conversador exquisito, Pável fue becario del Centro Mexicano de Escritores; el Fondo de Cultura Económica publicó su libro histórico de la poesía mexicana El ocaso del Porfiriato, y la UNAM su antología general de Rubén Bonifaz Nuño. En 2010 fue Premio Pagés Llergo de Comunicación y venía trabajando desde 2011 en la Fonoteca Nacional como coordinador del Catálogo de Música Popular Mexicana, siendo curador del recién inaugurado Palacio de la Música en Mérida, amén de asesor de la Fonoteca ‘Adda Navarrete’ del Centro de Investigaciones Artísticas de la ESAY en Yucatán.”

El hermoso jardín de la FN posee cipreses y plantas como procuró su antigua dueña, la antropóloga Zelia Nuttall Parrot; Octavio Paz vivió allí cuando su departamento de la colonia Juárez se incendió hacia 1996. Uno de los tesoros son los discos que grababa el escritor de literatura fantástica Francisco Tario, donde en uno de ellos escuchamos:

–A ver, pase usted por aquí… ¿Cómo se llama usted?

–Octavio.

–¿Octavio qué?

–Paz… Poco bélico. Poquito…

–¿Y usted qué sabe hacer?

–Yo nada absolutamente porque soy poeta.

Para el libro Fonoteca Nacional. 10 años preservando la memoria sonora de México para el futuro (Secretaría de Cultura, 2018. 90 páginas), Pável Granados firmó dos textos: “Donde menos lo espere… Las joyas de la Fonoteca Nacional” y “Entrevista a Lidia Camacho, directora general 2008-2009 y 2013 a 2017”. Su aguda voz fluye musical:

“Gracias a su sobrino, el pintor Carlos Pellicer, nos llegaron once horas fabulosas con entrevistas de ese gran tabasqueño que era Carlos Pellicer Cámara, vamos a hacer bellos homenajes a este nuestro Poeta de América pronto. Así descubrimos grabaciones increíbles al punto que no te das abasto.”

Junio me dio la voz, la silenciosa música de callar un sentimiento…

Desgrana tesoros de los estantes en la FN, como un soneto leído por el doctor Enrique González Martínez; la primera grabación del Himno Nacional Mexicano; un disco con la Sinfonía HP, de Carlos Chávez, por la Orquesta Sinfónica de México, dirigida por Silvestre Revueltas; la radionovela El derecho de nacer; su disco de 78 RPM de “la descubridora en 1929 de Agustín Lara”, Maruca Pérez cantando “Canalla” y “Flor de fango”; la voz de David Alfaro Siqueiros; la primera grabación de “Bésame mucho”…

“Lo más antiguo, luego de que les enseñé aquella foto de Juan de Dios Peza que me regalaron hoy, es justo un poema suyo grabado en 1907; él murió en 1910 pero la RCA Victor lo contrató para leer sus poemas”.

–¿Y no pudo salir en su momento?

–Tuvo en su momento una calidad, si tú quieres, radiofónica. Pero, por otro lado, yo considero que el acervo fonográfico, o sea, el patrimonio documental sonoro de México, es el más vulnerable. Porque las cintas se llenan de hongo, se desmagnetizan, les da síndrome de vinagre, hidrólisis, se enferman. Los discos se rompen, se pandean, se rayan; los caséts se van borrando, constantemente vives con la angustia de que aquello se va a perder.

“Por ello pienso en estos soportes sonoros como los sobrevivientes del gran Diluvio Universal. Nos los ofrecen, llegan y hay que cuidarlos si deseamos sean preservados más tiempo, que sea un patrimonio ya para siempre, ¿no? Porque hay que digitalizarlos… Están físicamente, pero por su condición de soportes sonoros, ya padecen cierta vulnerabilidad y ahora debemos migrarlos a las nuevas tecnologías, hacer copias.”

Salvaguardia relativamente barata, apunta. Pero urgente.

“La Fonoteca tiene cuatro colecciones catalogadas del Programa Memoria del Mundo que son las de Baruj Beno Lieberman, Raúl Hellmer, Thomas Stanford, y la de Henrietta Yurchenko, quien hizo las primeras grabaciones de música indígena de campo en Chiapas de los años 40. Además, otras también Memoria del Mundo por la UNESCO; no son nuestras pero las tenemos en resguardo, como la que acaban de nombrar de Alaíde Foppa, por la UNAM. De ella tenemos aquí una copia que se puede consultar, y las ocho mil cintas de música compuesta para cine desde 1958 para acá, gracias a un convenio con Imcine, la Cineteca y Estudios Churubusco, en resguardo.

Hay documentos sonoros que no podrían sobrevivir mañana. Paradójicamente:

“Resulta que lo que tenemos más antiguo es lo que está más firme, es decir, nuestros cilindros de 1900, o nuestros discos de 78 RPM o LPs de 33 revoluciones, como quiera que sea aquí están. Pero lo digital y lo nuevo es curiosamente lo que se vuelve obsoleto más rápido.”

–En Suiza, de hecho, ya no existen los CD ni hay tiendas de DVD.

–Y hay acervos radiofónicos que se decidió grabar en CD y hoy es un problema tener que migrarlos al sistema de almacenamiento masivo. Sin ir más lejos: el DAT (primer formato comercial de cinta de audio digital) es lo más difícil de migrar, porque se hicieron muy pocos aparatos de DAT y hoy conseguirlos es imposible. Los USB también son muy frágiles, se borran.

Concluye Pável Granados:

“Estamos recopilando no nada más discos, sino igualmente documentos, partituras, fotografías, revistas, catálogos discográficos desde los años veinte, son materiales de respaldo que nos obsequian para poder analizar nuestras colecciones. Y podremos reír también, porque tenemos la voz de Miguel Alemán que yo no había oído y me di cuenta de que Cantinflas cuando hablaba en sus películas como político, imitaba su manera de hablar.”


Autor: Roberto Ponce
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