Brexit, ¿más tiempo para qué? / En opinión de Enrique Campos Suárez

Desde un principio todo este tema de la salida del Reino Unido de la Unión Europea ha tenido que ver con una posición egocéntrica de los de la isla que usaron este tema tan delicado como una estrategia electoral que se les salió de las manos.

El Brexit, como ya se le conoce popularmente a esta salida británica del bloque, se calentó en una campaña electoral. En el 2015, el entonces primer ministro conservador David Cameron prometió en campaña llevar a cabo una consulta sobre la conveniencia de que el reino se quedara o no dentro del grupo de 28 naciones europeas.

La estrategia electoral le funcionó, pero no así el resultado del referéndum. Cameron estaba seguro de que recibiría un amplio apoyo a la permanencia británica en la Unión Europea. En el 2016 perdió el referéndum y también el poder. Cameron se fue a su casa, pero dejó la bomba encendida.

Y aquí estamos más de tres años después, a una semana de que se cumpla el plazo pactado para la salida británica de la unidad y sin acuerdos.

Tienen mucho que ver las ideologías, pero la mayoría de los análisis coincide en que al final será un error grave la salida del Reino Unido del bloque europeo. Pero la mayoría así lo mandó y lo siguiente fue negociar un pacto de salida. Uno que se logró con muchas dificultades, pero que trataba de mediar una vida separada de buenos vecinos y socios.

Pero estamos en tiempos en que tienen más influencia los extremistas y los populistas que el sentido común. Las voces radicales lograron bloquear ese acuerdo y los posteriores.

Y aquí estamos, sin consenso en la Cámara de los Comunes del Parlamento británico para dar el visto bueno al último borrador recién alcanzado en días pasados.

Falta una semana para que se concrete la ruptura y promete ser un desastre en muchos sentidos. Porque divorcio no es ir a comer a la casa, acostarse como siempre en la cama y pasear juntos como si nada. Separación es eso, cortar lazos y en todo caso establecer un pacto de convivencia.

Lo que quieren con desesperación algunos de los británicos más moderados es ganar tiempo, tres meses más, para entonces sí tener un acuerdo aprobado por los legisladores británicos.

Los alemanes y su economía en recesión parecerían no tener inconvenientes en otorgar esa prórroga a los británicos. Pero gobiernos de otros países, como el de Francia, realmente se preguntan si vale la pena prolongar la agonía y esperar que la inevitable ruptura sin acuerdo le caiga a Europa en enero del 2020, cuando la economía global estará en franca desaceleración y con una eventual recesión tocando la puerta.

Con la marcada negativa de una mayoría parlamentaria a aceptar las condiciones mínimas de separación que plantea la Unión Europea, con ese enorme problema no calculado de la frontera de Irlanda del Norte, ¿qué tanto pueden hacer en tres meses?

Sea la próxima semana o en enero del 2020 cuando se produzca el rompimiento, las consecuencias serán negativas para los británicos, los europeos y para el resto del mundo.

No podrán conseguir un pacto aceptable en una semana o en tres meses si no fueron capaces de conseguirlo durante los últimos tres años y medio. Y si se da el milagro, no hay tiempo de implementarlo.

Parece que tendrá que ser como en muchas otras cosas de la vida. Será necesario tocar fondo antes de lograr un equilibrio para llevar adelante una nueva vida de separación europea.

 

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